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Las Consecuencias que deja el CiberBullying

Bogotá, D.C., octubre 20 de 2015.

Fotografías, vídeos y audios es lo más compartido a diario en las diferentes redes sociales que existen. Las diferentes disciplinas artísticas que los usuarios practican, son el material diario para el ciberespacio, donde ansiosos esperan los hackers, abusadores y personas que dedican su tiempo al bullying.

El compartir una actividad en las redes sociales puede llegar a ser un problema, si dicho material cae en las manos equivocadas, por eso se recomienda como dice el popular dicho ¡No Dar Papaya! al momento de usar y compartir material en internet.

El chico que le ganó al ciberbullying. Se había viralizado en YouTube con burlas a su voz y a su admiración por el arte. Tiene 12 años y con su mamá ganaron una larga batalla.

Jamás imaginó que una inocente entrevista para un canal local sobre qué hacen los chicos durante las vacaciones de invierno llegara tan lejos. “El estaba feliz y dijimos ¡guau! vas a salir en la tele”, recuerda la mamá sobre la nota para la televisión que le hicieron a Juan Sánchez el año pasado durante un taller literario en la biblioteca Rivadavia de Bahía Blanca.

Al poco tiempo que el reportaje fue publicado en la Web, comenzaron a viralizarse las cargadas sobre los gustos y el tono de voz del chico de 12 años, al que le fascinaban el arte, el collage y las historietas.

Los remix, memes y perfomances burlonas acumularon en YouTube miles de minutos, infinitamente más que los escasos dos que duraba el video original. Hoy, apenas quedan unos vestigios en la red, tras una decisión de Google (dueño de la página de videos) de retirarlos, a pedido de un organismo bonaerense.

“En abril una sobrina que estudia en Buenos Aires vio un video y me avisó. No lo podía creer”, recuerda Gladys Schroeder sobre la entrevista que desató el ciberbullying. Con algo de culpa por haberla permitido, nunca bajó los brazos ante un monstruo que crecía día a día.

Durante dos meses deambuló por varios organismos, buscó antecedentes y entabló una lucha cuerpo a cuerpo con cada sitio que alojaba algún video agresivo. “En Facebook, sólo actúan ante una amenaza concreta. Otros sitios me dijeron que como cobran por cada clic no los iban a bajar”, enumera sobre las batallas que perdió.

Finalmente, dio con la oficina local de la Defensoría del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires. “Es maravilloso lo que hicieron y un gran alivio”, le cuenta a Clarín en su casa del barrio Villa Mitre de bahía Blanca.

“Teníamos el deber moral y humano de intervenir”, dijo Mónica Bornia, coordinadora del equipo sobre hostigamiento escolar de la Defensoría, al explicar que lo planteado hacia Google y YouTube fue de colaboración y no de exigencia jurídica. “Fuimos para resguardar al niño, porque si un niño está sufriendo, es un tema que nos incumbe”, remarcó.

Resaltó que aunque el daño ya fue causado y el sufrimiento del adolescente no se puede reparar, “la manera en que la Web lo representa ejerce un profundo impacto a nivel social y personal”.

En la casa de Juan, hay espacio tanto para los libros como para la computadora. Durante varios días, madre e hijo fueron viendo juntos los videos donde lo hostigaban con barbaridades de todo tipo. “Lo que más me indignó fue que lo llamaran asesino serial”, confía Gladys, que es preceptora en un colegio público.

Juan no solo sufrió acoso virtual, sino también callejero, donde el “mini personaje” del espacio televisivo en que fue entrevistado, se convirtió en una celebridad.

En su escuela, lo filmaron en un recreo y lo subieron a la Web. En la ciudad llegaron a retratarlo en las paredes de un museo con su frase “Me guste el arte”, la misma que le tiran al pasar, cuando se lo cruzan. Donde vaya, le piden fotos, selfies y autógrafos.

“El es muy tímido y no le gusta para nada la exposición. Todo esto lo afectó, pero por suerte, no en el rendimiento escolar”, acota orgullosa, la mamá, al comentar sus notas. “Tiene 10 en todo, salvo dos 8, en gimnasia y matemáticas” la pasión de su hermano menor, tan fanático del ajedrez, como Juan de los libros.

La atracción por la literatura y el arte, fomentadas en la escuela de estética a la que concurre, lo alejan del entorno informático. Reacio al deporte (“cada vez que tenía que salir para el club, le agarraba fiebre”), en el jardín, iba de sala en sala para no aburrirse y en los recreos se ponía a leer. “El peor castigo que le puedes hacer, no es dejarlo sin tele, sino sin libros” acota Gladys y revela que en las librerías, donde pasa horas eligiendo ejemplares, lo adoran.

“El placer por la lectura es como una semilla que necesita que la rieguen. Nosotros no se lo inculcamos, tanto como él lo fue desarrollando. Los libros lo pueden y creo que todos los padres deberían tomarse 15 minutos, porque no es más que eso, para leer con sus hijos. Creo que vale la pena”, concluye orgullosa la mamá.

Esta historia es un ejemplo de lo que a diario se puede vivir en el ciberespacio donde el material que se presta para bullying abunda. La recomendación para los usuarios es tener cuidado con lo que se comparte en las diferentes redes sociales y para que los padres de menores estén al tanto de lo que sus hijos pueden recibir al momento de subir algo a la web.

Igualmente es necesario saber que las diferentes redes, páginas y empresas están alerta al contenido que se comparte para verificar su autenticación y son ellas el apoyo para denunciar cualquier anomalía y acoso que se pueda recibir. ¡No al CiberBullying!

Fuente:clarin

fuente imagen: queesel